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¿Cambió la dosis óptima para fertilizar trigos?

Empezó la campaña para los cereales en Argentina. Las reservas de agua a la siembra son un factor favorable pero no determinan el rendimiento: la dependencia a las lluvias del cultivo, la degradación de los suelos y los costos de la fertilización obligan a pensar estrategias integradas.

Con este tablero, en Altina construimos respuestas enfocadas en subir los pisos de rendimientos, acortando brechas y buscando sustentabilidad para productores y sistemas agropecuarios en conjunto.

Subregiones trigueras argentinas y de otros cereales de invierno. Mapa adoptado por CCI, CONASE e INASE, 2021

¿Cuánto influye el agua a la siembra?

Algunas zonas de la Región Pampeana empezaron la campaña con niveles de humedad que superan valores históricos, especialmente en localidades como Manfredi y Marcos Juárez en Córdoba y Balcarce en el sur bonaerense. En un artículo reciente de Aapresid los investigadores Cantarero, Luque y Abbate señalaron que el agua a la siembra es un predictor mucho más confiable del rendimiento en las regiones del norte, ya que la dependencia del cultivo a las lluvias es mayor.

En esta zona norte, las lluvias durante los meses de invierno son históricamente muy escasas. Por lo tanto, el trigo depende casi exclusivamente del agua que ya está guardada en el suelo al momento de la siembra para poder desarrollarse. Por eso son frecuentes las asociaciones entre el rendimiento y el agua inicial o las lluvias de barbecho, con incrementos de 5 a 12 kg/ha por milímetro acumulado (Cantarero et al., 2026).

Por contraste, en regiones como Balcarce las precipitaciones durante el invierno y la primavera son mucho más frecuentes y estables. Las estadísticas muestran que el suelo en el sur se termina de recargar hacia fines de agosto en el 90-100% de los años. Por eso, el agua disponible justo el día de la siembra no es un indicador tan drástico del rendimiento final; el cultivo suele recibir el agua que necesita durante su ciclo.

Pronostico trimestral de precipitaciones y temperaturas. Servicio Meteorológico Nacional.

Lluvias y temperaturas durante el ciclo

La proyección del desarrollo del fenómeno El Niño de fuerte intensidad incrementa la probabilidad de precipitaciones por encima de lo normal en gran parte de la región triguera. Sin embargo, la distribución de las lluvias y otros factores pueden ser tan importantes como la disponibilidad total de agua (Cantarero et al., 2026).

Máximo rendimiento (RTO) en la Red de Evaluación de Cultivares (RET), precipitaciones acumuladas (PPAC) durante el barbecho y ciclo del cultivo, eficiencia de uso de agua agronómica (EUA) y los correspondientes coeficientes de determinación (R2) entre RTO, PPAC, y El Niño-Oscilación del Sur (ENSO), para el período 2000-2023.

La eficiencia en el uso del agua mide cuántos kilos de grano se producen por cada milímetro de agua consumida. En buenas condiciones, el trigo produce entre 10 y 20 kilos de grano por cada milímetro de agua (Donaire, 2026). Asimismo, evaluaciones a campo mostraron que las eficiencias de uso del agua oscilaron entre 15 y 22 kg/ha por milímetro, siendo estos valores orientativos del potencial alcanzable (Cantarero et al., 2026).

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Fertilización para consolidar los pisos de rinde

El manejo nutricional es clave para acortar las diferencias productivas. En un artículo publicado recientemente, el especialista de INTA Balcarce Hernán Sainz Rozas consideró que en zonas como el sur bonaerense la brecha entre el rendimiento potencial en secano y el rendimiento real oscila entre el 35 % y el 50 % debido a nutrición inadecuada y deterioro físico.

En la misma línea, el investigador de INTA Marcos Juárez Guillermo Donaire explicó que producir una tonelada de trigo requiere aproximadamente 30 kilos de nitrógeno, por lo que para una producción base de 3.000 kilogramos por hectárea se requieren alrededor de 90 kilogramos de nitrógeno.

En muestreos realizados en lotes de la región central de Córdoba, se registraron valores de agua útil de 220 a 250 mm, lo que equivale al 70-80 % de la capacidad de retención máxima en suelos franco-limosos. En estas condiciones iniciales, la eficiencia agronómica del nitrógeno alcanzó los 11 kg de grano por kg de N aplicado (Cantarero et al., 2026).

Según la oferta del suelo y las dosis utilizadas, la respuesta a la fertilización con nitrógeno puede variar entre 10 y 30 kilos de grano por kilo de nutriente, mientras que para el fósforo la respuesta varía entre 10 y 50 kilos de grano por kilo aplicado (Sainz Rozas, 2026).

Además, es fundamental un balance integral, ya que la deficiencia de azufre reduce significativamente la eficiencia en el uso del nitrógeno, y la carencia de zinc disminuye la eficiencia en el uso del fósforo (Sainz Rozas, 2026).

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¿Cómo impacta la degradación de suelos?

La salud de los suelos es otro de los factores determinantes para proyectar rendimientos y debe ser la base de análisis para planificar una nutrición adecuada. En 2020 el  Estudio de Degradación de Tierras de la Argentina, coordinado por especialistas del INTA y la Secretaría de Ambiente de la Nación diagnosticó que al menos el 36% de la superficie del país presenta degradación asociada a erosión hídrica/eólica, pérdida de materia orgánica y compactación.

Cuando el suelo está compactado, las lluvias no se infiltran adecuadamente y los fertilizantes no pueden ser aprovechados por los cultivos. En suelos con buena calidad física se registran eficiencias de uso de nitrógeno cercanas a los 12 kilos de grano por kilo de N aplicado, pero en lotes compactados ese valor puede caer hasta apenas 4 kilos (Sainz Rozas, 2026).

Lo mismo ocurre con nutrientes poco móviles como el fósforo: sin una buena estructura edáfica las raíces no pueden explorar el perfil, reduciendo la absorción por más precisa que sea la dosis.

Los KIT Altina fertilizan y siembran con la mayor precisión y un impacto mínimo en los cultivos.

Tecnología Altina al servicio de la eficiencia

Tener la mejor tecnología de aplicación es crucial para traducir la eficiencia en un ahorro real. Las fertilizadoras Altina son capaces de aplicar dosis fijas y variables (por mapeo, georreferenciada y manual) con la mayor precisión del mercado.

Dependiendo del tipo de máquina se puede optar por fertilizaciones incorporadas previo a la siembra o junto a la línea de cultivo. Con equipos montados sobre autopropulsadas las aplicaciones en cobertura pueden realizarse en todo el ciclo, reduciendo al mínimo el impacto sobre el cultivo y la compactación donde transita la fertilizadora.

La combinación de tolvas presurizadas con tecnologías como los cortes por sección aseguran que tus fertilizantes se distribuyan de manera uniforme en todo el ancho de aplicación, evitando solapamientos de fertilizante que pueden representar desperdicios de hasta el 15%.

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