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Sin suelos sanos, no hay vida sana

*Artículo publicado originalmente por Marcelo Altieri en Agronegocios

En los cinco segundos que lea esta línea se habrá erosionado una superficie de tierra equivalente a un campo de fútbol. Esta grave aseveración, presentada por la ONU, es tan solo una de las muchas alertas sobre la preocupante situación de los suelos, componente necesario para la producción de alimentos de calidad.

Sobre este debate observamos un desconocimiento generalizado. Cuando pensamos en elementos esenciales para la vida, lo primero que se nos viene a la cabeza es el oxígeno y el agua. Sin embargo, la disponibilidad de 95% de nuestros alimentos depende estrechamente de los suelos y su calidad.

De acuerdo con la FAO, las principales amenazas del suelo identificadas en los últimos años se relacionan con la erosión que es en esencia la eliminación de la capa superior más fértil de la tierra. A ello se le suman procesos que en muchos casos se dan de manera simultánea como el desequilibrio de nutrientes, la pérdida de carbono y biodiversidad, la acidificación, la contaminación, la salinización y la compactación. Incluso, la erosión del suelo puede reducir el rendimiento de los cultivos hasta 50%, dificultando afrontar el rezago en términos de hambre y malnutrición en muchos lugares del mundo.

El problema sería menos grave si como respaldo a nuestro impacto ambiental, el suelo se regenerara fácilmente. No obstante, la formación de entre 2 cm y 3 cm de suelo puede tardar hasta 1000 años en condiciones normales. Es acá donde los avances en cuanto a prácticas de gestión sostenible del suelo, como aplicaciones de monitoreo, rotación de cultivos y los fertilizantes minerales, nos dan una nueva oportunidad.

Por ejemplo, el monitoreo de los cultivos con Big Data ha demostrado ser útil para determinar el estado de los suelos, convirtiéndose en el punto de partida para el seguimiento de cultivos. Por otro lado, la rotación de cultivos es una excelente opción para prevenir el agotamiento por monocultivos. Alternando plantas de diversas familias y con diferentes necesidades energéticas, favorecerá la transformación de estas sustancias en nutrientes disponibles.

Finalmente, los fertilizantes minerales son un excelente aliado a la hora de fortalecer la calidad del suelo gracias a la recuperación del carbono y de otros elementos clave como el fósforo y el zinc. Las plantas, como todos los seres vivos, necesitan alimentarse y es por ello que los fertilizantes brindan una nutrición completa, además de mejorar la salinidad y acidificación del sedimento, parte esencial del equilibrio químico.

Así pues, para evitar que en 2030 más del 33% de los suelos de la tierra estén degradados como proyecta la ONU, hoy hacemos una invitación al cuidado y preservación del suelo, el reservorio de al menos una cuarta parte de la biodiversidad mundial y sobre el cual contamos con las herramientas para afrontar aquellos fenómenos que lo están afectando.

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