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Mejorar la salud del suelo a través del manejo de la materia orgánica

Foto: @Joni_Damiani

Por: Aapresid

Desde hace varios años advertimos que la salud de los suelos bajo agricultura continua está sufriendo deterioros progresivos, que comprometen la sustentabilidad de nuestros sistemas. Esto nos obliga a poner atención en los determinantes de dicha condición, a fin de tomar medidas para remediarla.

La pérdida de materia orgánica (MO) es la principal causa de la degradación de los suelos de la Región Pampeana debido a que incide directamente sobre sus propiedades físicas (ej. estabilidad de la estructura, infiltración y almacenaje de agua), químicas (ej. capacidad retener e intercambiar nutrientes) y biológicas (ej. contenido y actividad microbiana y enzimática). Para la capa arable, trabajos recientes ubican dicha disminución en el orden del 35 al 55% desde su condición prístina. Más importante aún, esta pérdida corresponde principalmente a fracciones lábiles, que son las de mayor incidencia sobre muchas de las propiedades antes mencionadas. De este modo, si queremos recuperar o al menos mantener la salud del suelo, debemos poner el foco en la MO y su dinámica.

El contenido de MO del suelo se determina según el balance entre los mecanismos de entrada y salida de carbono (C). De ellos, a la hora de tomar decisiones de manejo en nuestros campos ponemos especial énfasis en la regulación de las entradas. Lo hacemos definiendo el tipo de cultivo que incluimos en las secuencias, la “intensificación” de la rotación y la fertilización. Con la elección de los cultivos intervenimos sobre la cantidad y calidad de residuos aéreos y de raíces que aportamos al suelo. Los cambios recientes en las relaciones de precios de los granos, han permitido aumentar la proporción de cereales de invierno y maíz en la rotación. Estos son muy beneficiosos, dado que aportan gran cantidad de residuos y con características que favorecen su incorporación a fracciones más estables de la MO (alta relación C:N, fundamentalmente). Seguramente, y según información generada en ensayos de largo plazo, este cambio tendrá consecuencias positivas en el contenido de MO del suelo.

No sólo es importante el tipo de cultivo que incluimos en la secuencia, sino también lo es cómo los combinamos en el tiempo a fin de lograr una alta conversión de los recursos (principalmente agua y radiación) en biomasa vegetal. Así, ponemos énfasis en la intensificación de las rotaciones, de modo de tener el lote ocupado con cultivos la mayor parte del año. Actualmente ponemos un esfuerzo particular en el ajuste de tecnologías que nos permitan incluir cultivos de servicios en períodos donde no sea posible realizar cultivos para cosecha de grano.

Por otra parte, nos centramos en la nutrición de los cultivos, que además del efecto directo sobre la fertilidad del suelo, influye en la dinámica de la MO. Cultivos mejor nutridos aportan mayor cantidad de residuos al suelo y, por ende, contribuyen a mantener o mejorar los stocks de C. Además, el ajuste de la fertilización es particularmente importante cuando intensificamos las rotaciones debido a que también incrementamos la exportación de nutrientes en granos.

Finalmente, debemos atender las salidas de C del suelo, que se dan mayoritariamente mediante dos mecanismos: respiración microbiana y erosión. El primero es el más importante e involucra la pérdida de C en forma de CO2 por acción de los microorganismos del suelo. Como es sabido a esta altura, el laboreo mecánico crea condiciones ideales para la actividad microbiana al favorecer la aireación del suelo y el contacto entre residuos y organismos. Mayor actividad de los microbios significa más respiración y más salida de CO2. La erosión, tanto hídrica como eólica, también se ve favorecida por las labranzas. Es así que, salvo en condiciones excepcionales, procuramos manejar todos nuestros sistemas bajo siembra directa a fin de minimizar las salidas de C.

En síntesis, el contenido de MO, y particularmente el de sus fracciones lábiles, es un excelente indicador del estado de salud de nuestros suelos. Si pretendemos mejorarlo o mantenerlo en niveles aceptables la cuestión parece simple: debemos regular los procesos para maximizar los ingresos de C y minimizar sus salidas. Lógicamente, en la práctica nada es tan sencillo.  Necesitamos un contexto favorable y previsible de mercados, tenencia de la tierra, entre otros, que nos permitan tomar las mejores decisiones técnicas para preservar uno de nuestros recursos más valiosos: el suelo.

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