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Maní y cultivos de cobertura, una buena sociedad

Fuente: Clarín Rural

El maní es un cultivo con enorme potencial de crecimiento en el país, pero plantea grandes desafíos en el plano productivo. Uno de los principales problemas es la erosión y pérdida de estructura generada durante el proceso de cosecha, ya que el cultivo es arrancado de raíz. En ese sentido aparece como una herramienta interesante la siembra de cultivos de servicios.

“El maní tiene impacto en el sistema por su forma de arrancada y cosecha, pero si uno lo pone en el sistema con altas tecnologías de procesos y cultivos de servicio el impacto es casi cero”, asegura en diálogo el ingeniero agrónomo Lucas Andreoni, quien asesora campos en Córdoba y lleva varios años estudiando las alternativas que ofrecen los cultivos de cobertura.

Este año, Andreoni sembró 223 hectáreas de maní en la localidad de Serrano y está comprobando los beneficios de haberlo hecho sobre un lote de centeno. Según explica, el centeno se quemó en los primeros días de agosto y alrededor del 20 de octubre se sembró el maní con una distancia entre hileras de 70 centímetros y unas 14 semillas por metro (200.000 semillas/ha), lo que le dio como resultado unas 12 plantas por metro, aproximadamente 173.000 plantas por hectárea.

Aunque llovieron solo 45 mm desde abril, el centeno generó buena infiltración. “El suelo es una esponja y para el maní será muy fácil clavar la flor”, ilustra Andreoni.

“Estamos teniendo unos lotes muy limpios de malezas, ha mejorado muchísimo la estructura de la planta en los primeros centímetros -algo fundamental para el maní-, y la sanidad se ve muy bien porque el cultivo no está afectado por los herbicidas preemergentes”, explica, y agrega que a pesar de ser un año muy seco -desde abril llovieron solo 45 milímetros- el rastrojo del centeno generó una buena infiltración por lo que se mantiene muy bien la humedad. “El suelo es una esponja y para el maní será muy fácil clavar la flor”, ilustra.

Luego detalla que el único ajuste de manejo que tuvo que hacer fue atrasar 15 días la siembra, “porque al maní le gusta el calor para nacer, y cuando hay cobertura el suelo está más frío”.

Experiencias similares con girasol y con sorgo ya le están dando muy buenos resultados al asesor, quien analiza religiosamente la estructura y los contenidos de carbono y materia orgánica de los suelos que trabaja. Andreoni remarca que la idea es no solo pensar en el maní sino en una intensificación del sistema que permita una regeneración más rápida de los suelos. “La secuencia sería hacer trigo u otro cultivo de servicio apenas se cosecha el maní, y después maíz tardío”. De esta manera, asegura, se revierten los problemas generados durante la recolección de la leguminosa.

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