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Cultivos de Cobertura: control de malezas y mejor utilización del agua

Los sistemas agrícolas en regiones semiáridas y subhúmedas del norte del país, se basan en los cultivos de soja y maíz con escasa participación de cultivos invernales. En estos sistemas el aporte de residuos vegetales es inferior al de la vegetación natural o rotaciones mixtas que incluyen pasturas perennes.

Como consecuencia de ello, gradualmente disminuyó el contenido de materia orgánica de los suelos y por lo tanto carbono y nutrientes asociados, cambios que generaron o podrán generar modificaciones en el funcionamiento físico-hídrico del suelo, limitando la captación y eficiencia de uso del agua. Sumado a esto, por la baja realización de cultivos invernales, los períodos de barbecho químicos se extendieron (de 7 a 9 meses), lo que aumentó la presencia de malezas con resistencia a herbicidas e incrementó los costos del control de las malezas.

En este contexto, la realización de cultivos de cobertura en reemplazo de los prolongados períodos de barbecho sería una estrategia de manejo que colaboraría en revertir los efectos negativos. Por este motivo, desde el INTA y grupos Crea vienen trabajando hace más de 6 años evaluando el efecto de distintas estrategias.

En primer término, el ténico del INTA de Santiago del Estero, Salvador Prieto Angueira, destacó que la realización de cultivos de cobertura, como trigo, centeno, triticale o vicia villosa contribuyeron a mejorar la productividad del agua por dos motivos. Primero, permiten utilizar lo que se perdería por evaporación durante el período de barbecho. “En promedio se evaporan 70 milímetros durante mayo a septiembre”, sostuvo. Y viendo la eficiencia de uso de agua promedio obtenida para la producción de biomasa en diferentes cultivos de cobertura fue de 19 kg de biomasa por milímetro consumido, sostuvo que se podrían producir con esos milímetros al menos 1.300 kilos de biomasa.

A su vez, indicó que la biomasa generada por los cultivos de cobertura, que en promedio fue de 4.000 kg, posibilitan tanto durante el período de transición entre el secado y siembra del maíz tardío, como durante la primera etapa del ciclo del maíz, incrementar la infiltración de las precipitaciones y reducir la evaporación.

Asimismo, Prieto Angueira remarcó que la inclusión de gramíneas como cobertura previa al maíz tardío en lotes con mayor intensificación agrícola y sin fertilizar puede generar efectos negativos como consecuencia de una alta inmovilización y menor disponibilidad de nitrógeno durante el ciclo del maíz. “En estos casos se debería realizar vicia villosa ya que la leguminosa en los experimentos permitió incrementar la disponibilidad del nutriente hasta un máximo de 100 kg por hectárea de nitrógeno como nitrato”, resaltó.

Finalmente, en cuanto al control de malezas, los resultados demostraron que centeno y vicia villosa no solo disminuyen la presencia de malezas durante el ciclo del cultivo sino que en la medida que se genera una mayor biomasa de cobertura, mejor es el control de la emergencia de malezas luego del secado de los cultivos de cobertura.

Fuente: Clarín Rural

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