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Agricultura de precisión: una revolución que cumple 25 años

Fuente: Agrovoz

En el año 1995, un equipo de técnicos y especialistas del Inta Manfredi llevó a cabo el primer mapa argentino de rendimiento de una cosecha de granos. A partir de una antena GPS ubicada sobre molino de agua y con un teléfono conectado a expertos de Estados Unidos se logró la imagen con datos georreferenciados.

Ese acontecimiento fue, sin duda, el punto de partida de la era de la agricultura de precisión para Argentina y Latinoamérica.

A 25 años de ese suceso, Fernando Scaramuzza, coordinador del Proyecto Estructural de Desarrollo y Aplicación de Tecnologías de Mecanización, Precisión y Digitalización de la Agricultura del Inta; Diego Villarroel, ingeniero del mismo proyecto del Inta Manfredi; y Mauro Bianco Gaido, del área de Comunicación de la experimental cordobesa, repasan cuales fueron los principales hitos que conformaron una verdadera revolución tecnológica. Por la que trabajó y predicó el creador del Proyecto Nacional de Agricultura de Precisión del Inta, el siempre recordado Mario Bragachini.

“Todas estas tecnologías permitieron a nuestro país dar un salto de importancia en la producción de granos, llegando hoy a más de 140 millones de toneladas, con una superficie de casi 40 millones de hectáreas sembradas”, remarcan los técnicos del Inta.

Desde ese primer mapa de rendimiento “industria nacional” hasta la actualidad, la agricultura de precisión no ha parado de crecer y de dar saltos tecnológicos.

De la prueba realizada en 1995 en Manfredi pasaron 15 años hasta que en 2010 llegó el desarrollo a nivel nacional del monitor de rendimiento. Su irrupción terminó siendo una herramienta clave para la obtención de datos georreferenciados.

La adopción de la herramienta ha tenido un crecimiento constante, lo que junto con la evolución tecnológica de las empresas permite de manera potencial monitorear un gran porcentaje de los cultivos extensivos en el país, según precisan Scaramuzza, Villarroel y Bianco Gaido.

En la actualidad, los desafíos tecnológicos hacen foco en la inteligencia artificial, la automatización, la predicción y simulación en la cosecha de granos.

Desde la siembra

La exigencia del productor de ser cada vez más preciso en el manejo de los insumos tiene su correlato en la tecnificación de las labores realizadas en la siembra.

“Las fábricas de sembradoras han dirigido su desarrollo a eficientizar la siembra logrando equipar los implementos con diferentes actuadores, motores eléctricos, sistemas de cortes por sección y línea por línea, lo que permite un manejo de insumos variables”, explican los especialistas.

Empresas como Abelardo Cuffia (Marcos Juárez), D&E (Munro, Buenos Aires), ControlAgro (Avellaneda, Santa Fe) y Verion (San Martín, Buenos Aires), entre otras, fueron las pioneras en proveer esta tecnología de siembra a nivel nacional.

A su vez, las principales fábricas de sembradoras brindan la alternativa de equipar sus equipos con tecnología nacional y también, con un fuerte crecimiento en los últimos años, con tecnología estadounidense.

¿Los resultados? A lo largo de 25 años, la eficiencia fue en aumento y el manejo de sitio específico pasó de una superficie al metro a metro. “Prácticamente, cada cuerpo de siembra es una sembradora independiente, gracias a la incorporación de sensores, actuadores y motores eléctricos que permiten reaccionar en tiempo real ante cualquier variación de suelo y modificar la carga sobre las ruedas limitadoras de profundidad, su densidad de siembra, la dosis de fertilización o el corte de forma independiente en cada cuerpo, entre otras variables”, destacan los técnicos del Inta.

Nutrientes

Así como la siembra dio el salto tecnológico, a la fertilización también le llegó la precisión. El mayor protagonismo del maíz en la rotación agrícola hizo que las empresas proveedoras de equipos de fertilización desarrollaran sus áreas de investigación y desarrollo, para dar lugar a sistemas con platos o de distribución neumática.

“Tenemos ejemplos como Fertec (Marcos Juárez), Yomel (9 de Julio, Buenos Aires), Altina (Zenón Pereyra, Santa Fe) y otras empresas que están incorporando cada vez mayor precisión pensando en el cuidado agroecológico”, identifican los técnicos, que destacan la evolución que experimentó el rubro de fertilización a lo largo de la historia del Proyecto de Agricultura de Precisión del Inta.

A tal punto que hoy es posible decidir en el momento la dosis de aplicación en función de índices de cultivos captados por sensores en la propia maquinaria, registrados por cámaras montadas en drones o adquiridos a través de satélites de diferentes niveles de resolución.

Además, junto con la combinación de algoritmos de interpretación, es posible aplicar el fertilizante con una precisión expresada por el propio cultivo. De esta manera, la tecnología no sólo cumple con aportar una mayor eficiencia del nutriente sino también que contribuye a cumplir con las normativas ambientales y el modelo de buenas prácticas agrícolas.

Empresas como Metalfor (Marcos Juárez), Pla (Las Rosas) CNH (ciudad de Córdoba), John Deere (Granadero Baigorria, Santa Fe) y Jacto (Arrecifes) han trabajado en los últimos años sobre tres aspectos centrales en la tecnología de aplicación: aumento en la eficiencia en el control de malezas, plagas y enfermedades, el ahorro de productos fitosanitarios y un marcado efecto positivo en la disminución del impacto ambiental. Todo en tan solo 25 años.

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